Blog del CCI

lunes, 15 de febrero de 2016

Rendición de cuentas, nuevos escenarios y fronteras difusas

Lamentablemente, no es algo a lo que estemos muy acostumbrados en estas latitudes; pero, sin lugar a dudas, si hay una expression clara y nítida del buen gobierno de una organización es la que, llegado el caso, se traduce en una sincera rendición de cuentas (‘accountability’, la llaman los angloaparlantes). Recordará  -hace meses que no lo hacemos; pero dele tiempo al tiempo-  que desde esta tribuna hemos citado algunos casos notables de rendición de cuentas, materializados en dimisiones de presidentes y consejeros delegados (tal vez, no todas ellas sinceras o fruto del propio convencimiento; sino, simplemente, obligadas por las circunstancias o por un consejo de administración que ha actuado en calidad de garante de los legítimos intereses de sus representados). En todo caso, se ha tratado de ejemplos de libro de consecuencias de las problemáticas ‘ciber’.

Y es que estamos ante un cambio de escenario: piense, por ejemplo, en el sector petrolero. Hasta hace escasos años, los problemas a los que una empresa en este sector se enfrentaba  -seguimos con el foco puesto en la rendición de cuentas-  guardaban, generalmente, relación con incidentes y, especialmente, accidentes, de consecuencias gravísimas para las personas, el patrimonio o el medioambiente, que afectaban, en última instancia a la imagen de la compañía (recuerde los casos del “Exxon Valdez”, el “Prestige” o la plataforma “Deepwater Horizon”). Hoy a estos problemas se suman los derivados del creciente grado de informatización a nivel corporativo y automatización de las operaciones de campo en pozos, plataformas, barcos, refinerías y oleoductos. En relación a estos últimos, dejaré para otro día el caso de los acontecimientos de Bellingham (Washington, EEUU).

Permítame decirle, únicamente, que hechos como los de Bellingham, u otros similares, son, por lo general, fruto de la materialización de alguna amenaza, interior o exterior, nacida de algún error, negligencia, fallo e, incluso, sabotaje.

Hechos como los de Bellingham vienen, también, a recordar que la línea que separa la protección de personas, patrimonio o medioambiente, de la protección de los sistemas informáticos de control es cada vez más borrosa.

Hoy me he centrado en el sector petrolero; pero otros, como el sanitario, no son ajenos a los mismos peligros.

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