Blog del CCI

lunes, 25 de abril de 2016

Supervivientes, diálogo de consejeros y rendición de cuentas

El número de este mes de “NACD Directorship”, la revista corporativa de la Asociación Nacional estadounidense de Consejeros de Empresa (NACD, por sus siglas en inglés) recoge una interesante lista de las corporaciones más resilientes, hasta la fecha, de los EEUU. Se trata de doce empresas constituidas entre los años 1784 (The Bank of New York Mellon Corporation, la firma más antigua de la lista Fortune 500) y 1833 (McKesson Corporation). Formando parte de ese exclusivo grupo se encuentran varias empresas industriales como E. I. du Pont de Nemours and Company (sector químico), Colgate-Palmolive Company (sector manufacturero), Consolidated Edison Inc. (sector energético) o CSX Corporation (sector transporte).

La lista sirvió para ilustrar las sesiones de “Diálogo de Consejeros” que la Asociación ha organizado recientemente en las ciudades de Nueva York (NY), Chicago (IL) y Scottsdale (AZ), en las que logró reunir a unos cuarenta consejeros de otras tantas empresas para discutir sobre el tema “Cómo garantizar la resiliencia de su organización”.

Un envidiable ejemplo  -uno más de la NACD-  de ejercicio para conseguir que “el negocio” entienda: los riesgos que se ciernen sobre la viabilidad de las organizaciones  -hoy la ciberseguridad se encuentra a la cabeza de ellos-;  y la responsabilidad última que a sus máximos representantes les corresponde en relación a la rendición de cuentas sobre la materia.

Sin embargo, la reflexión sosegada y compartida entre iguales puede resultar insuficiente. En tales casos, se hace necesario recurrir a otros argumentos. Mostrar el papel habilitador que la ciberseguridad tiene para el negocio cuando contribuye a evitar riesgos físicos para las personas, el medioambiente o el patrimonio, que devengan en pérdidas económicas, cuando no en situaciones verdaderamente catastróficas, se antoja un buen punto de partida.

La adopción de buenas prácticas y el despliegue de tecnologías que favorezcan la seguridad de las redes y los sistemas de control industrial complementarán esa toma de conciencia inicial.

Unas tecnologías, como las inteligentes (“smart OT”), cuya prometida recompensa no siempre llega al cliente final, advierten desde la Asociación para la Conservación de la Energía (ACE). A lo sumo facilitan la obtención de cantidades masivas de datos que benefician, entre otros factores, a la producción, al mantenimiento y, en definitiva, al negocio de los operadores industriales.

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