Blog del CCI

lunes, 30 de mayo de 2016

Vidas paralelas y grandes presas

Explicar la diferencia entre la figura de un ingeniero de producción y un ingeniero de mantenimiento resulta, de todo punto, innecesario  -incluso ofensivo-  para quien desarrolla su labor profesional en el ámbito industrial. Sin embargo, dada la variada composición de “El Ecosistema CCI”, en el que un número de miembros nada despreciable puede no estar familiarizado con el citado ámbito, hace de ello un tema no baladí. Si Ud. se encuentra en ese segundo grupo, quédese con la idea  -y disculpe la simplificación-  de que, desde el punto de vista de los sistemas de control industrial que sustentan un determinado proceso productivo, un ingeniero a cargo del mantenimiento de tales sistemas sería algo así como un programador, en términos de la Informática clásica; un ingeniero de producción, a cargo la operación del referido proceso, sería su usuario.

En la práctica, y a diferencia de lo que suele ser norma en el ámbito de las Tecnologías de la Información, en el que rápidamente surgiría alguna referencia al concepto de “Informática en la sombra”, no es extraño encontrarse diseños organizativos en los que unos y otros, ingenieros de control (técnicos) e ingenieros de operación (usuarios), comparten un responsable común: el jefe de producción de la planta o de la instalación particular. Sin duda, todo un incentivo para el alineamiento entre ambos colectivos y para hacer que todos ellos se sientan “Negocio”, compartiendo el objetivo estratégico común de la optimización del proceso productivo.

Quienes abogan por preservar esa sincronización entre el control del proceso y el proceso mismo demandan, incluso, una implicación, aún mayor, de los especialistas en sistemas de control industrial, que vaya más allá de los aspectos meramente tecnológicos y que les permita conocer en mayor profundidad el proceso industrial al que sirven. Esto es, demandan de ellos una suerte de evolución desde el perfil de programadores al de analistas funcionales, abusando nuevamente del lenguaje TI.

Paralelamente, cabe pensar que también contribuirá a mantener la sincronización a que hacen referencia los anteriores párrafos el hecho de que los responsables de operar el proceso productivo tomen conciencia de las medidas de ciberprotección que requerirá una operación segura del mismo. Como hemos señalado muchas veces, en este sentido la formación habrá de jugar un papel clave: hoy hablamos de presas  -recuerde el caso de la presa Sayano–Shushenskaya-;  el Comité Nacional Español de Grandes Presas (CNEGP) anuncia, en este momento, la sexta edición de su “Máster Internacional en Explotación y Seguridad de Presas y Balsas”. Naturalmente, a lo largo del curso se habla ampliamente de legislación, de hidrología, geología y geotecnia; pero la única seguridad que se menciona es la que tiene que ver con la prevención de riesgos físicos derivados de dichos factores o de otros tales como el envejecimiento de las propias instalaciones. En un terreno como éste, abonado para desarrollar un discurso de los sistemas instrumentados de seguridad, cabría recordar al CNEGP la conveniencia de comenzar a incorporar a su programa académico otros aspectos del riesgo como los actuales desafíos derivados de la ciberseguridad y/o de la obsolescencia  -no sólo el hormigón envejece-  de los equipos de control en los que descansa la operativa de algunas de nuestras presas y balsas.

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