Blog del CCI

lunes, 6 de junio de 2016

Regulación y otros bálsamos

Es un tema recurrente  -en este boletín y en otros foros-  y es también una obviedad  -para este boletín e, intuyo, para sus lectores-:  sin pretender caer en “estrategias del miedo”, lo cierto es que no hay mejor incentivo para que una organización comience a tomarse en serio la seguridad, que haber sufrido, en carne propia, algún tipo de incidente digital. Subrayo “en carne propia”, dado que escucharlo de terceros  -como sucede con el cáncer de pulmón entre los fumadores-  puede resultar, también, ejemplarizante; pero nunca con la misma intensidad.

Para dichos casos, en los que el ejemplo de otros no constituye incentivo suficiente, existe  -también lo hemos señalado más de una vez-  un bálsamo complementario: la regulación. (Por cierto, recuerde que aquella puede ser interna).

Además, cuando la disposición de los planetas alcanza un grado de perfección tal que permiten combinar ambas circunstancias  -la presencia de incidentes, con la de una normativa emitida por algún órgano supervisor-  los efectos curativos son [supuestamente] aún mayores.

Eso es lo que parece estar ocurriendo en la órbita de la Sociedad para las Comunicaciones Interbancarias y Financieras Mundiales (en inglés, Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication, SWIFT), cuyo consejero delegado, el holandés y antiguo consultor de la firma McKinsey & Co., Gottfried Leibbrandt, declaraba el pasado jueves que la perspectiva de la (in)seguridad era lo que estaba quitándole el sueño actualmente.

Lo cierto es que el Sr. Leibbrandt llega a esa situación de insomnio tras unos, nada tranquilos, últimos meses en los que una serie de bancos de diversos países (Filipinas, Vietnam, Ecuador o Bangladesh), todos ellos clientes de la plataforma internacional que él dirige, han sido víctimas de millonarios  -en euros-  ciberrobos.

Todo hace pensar que, a instancias del Sr. Leibbrandt, no solo SWIFT verá mejorado su actual marco de ciberprotección, sino que más de una entidad, de entre las que hoy utilizan los servicios ofrecidos por la organización belga, también tendrán que hacerlo si quieren seguir disfrutando de las ventajas del sistema de transacciones interbancarias. En caso contrario, podría ser, para dichos bancos, demasiado tarde (y no sólo por las amenazas de Leibbrandt).

Por ultimo, recuerde que este escenario pre-ciberbélico  -así lo definen los más optimistas-  al que se suma una creciente Internet de las Cosas, cuya verdadera implantación no pasa del bombo mercadotécnico, puede estar siendo terreno abonado para experimentos como el llevado a cabo con IRONGATE y otros males aún por descubrir.

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