Blog del CCI

lunes, 10 de octubre de 2016

Booz, Allen, Hamilton y otros nombres ilustres

El hecho de que una misma empresa haya tenido a dos de sus empleados robando información clasificada del Gobierno de los EEUU en un período de tres años no significa más que se trata de una empresa muy bien conectada, y probablemente profundamente implicada, con los programas y/u operaciones de dicho Gobierno. Quiero decir que todo ello no prueba más que el robo de información se produce en aquellos lugares donde resulta más factible. Por ello, no es de extrañar que el nombre de la firma de consultoría Booz Allen Hamilton, un empresa americana contratista en las áreas de defensa y de inteligencia, haya aparecido dos veces en los titulares  -por este tipo de asuntos-  desde que saltase a la luz el caso de Snowden en 2013.

De hecho, apenas veinte días antes del estreno mundial de la película "Snowden" del director Oliver Stone, programado para el 15 de septiembre, un par de docenas de agentes del FBI asaltaron una casa en Glen Burnie, Maryland (EEUU), donde encontraron miles de documentos  -tanto en papel, como en formato digital-  marcados con el sello de la NSA. ¡Se trataba del domicilio de Harold T. Martin III, un antiguo empleado de la agencia, a través de BAH!

No quedan claras cuáles han podido ser las intenciones del Sr. Martin con respeccto a los documentos robados: ¿símplemente coleccionarlos?; ¿o, tal vez, pasárselos a un tercero?; etc. Lo único cierto es que el Sr. Martin, aparte de salir en los periódicos,  ha sido despedido de BAH; y que esta última, junto a la propia Administración estadounidense, han sufrido un duro golpe en su reputación: ¿Cómo, tras el caso Snowden, han seguido igual las cosas (es decir, inseguras) tanto en la consultora expecializada en ciberseguridad, como en su cliente, una Administración con un presupuesto astronómico dedicado a la ciberprotección?

***

Haga uso de este caso y de otros principios para explicar a su consejo de administración cuán peligrosas pueden resultar las amenazas interiores. Y, por supuesto, no olvide decirles lo vulnerables que siguen siendo sus sistemas de control industrial, y cómo pueden impactar en la organización las amenazas, tanto técnicas (Bluetooth) como sociales (Facebook o similares).

Por último, aunque no menos relevante, comprenda (y haga que ellos también entiendan) que las implicaciones (incluidos los beneficios y los riesgos) de la fabricación inteligente van mucho más allá del despliegue de nuevas, o la modernización de viejas, soluciones tecnológicas.

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